Euskadi, con sus verdes colinas, acantilados que besan el Cantábrico y pueblos de aire medieval, esconde algunos de los tramos asfaltados más espectaculares del sur de Europa. Si eres ciclista de carretera, sabes que rodar aquí no es solo pedalear: es una conversación constante con la montaña y el mar. Este 2026, hemos trazado para ti la ruta circular definitiva, un recorrido que conecta carreteras secundarias de ensueño, puertos de leyenda y paradas gastronómicas imprescindibles. En esta guía encontrarás el itinerario detallado, los desniveles exactos, los puntos de avituallamiento estratégicos y los secretos que solo conocen los locales, para que planifiques una jornada épica sobre dos ruedas. Prepara tu bicicleta y afina la mecánica, porque esta vuelta por el País Vasco está llamada a convertirse en tu nuevo desafío anual.

Preparación y logística inicial para la ruta circular

Qué necesitas saber antes de salir desde Bilbao

Antes de calzarte las zapatillas y ajustar el casco, ten muy claro que esta ruta circular no es un recorrido oficial numerado ni está señalizado con postes específicos. Se trata de una combinación inteligente de tramos de la red viaria vasca, principalmente carreteras secundarias y puertos de montaña que conectan valles y costas. Por tanto, tu mejor aliado será un GPS de ciclismo con el track cargado o, en su defecto, mapas topográficos detallados de las tres provincias (Bizkaia, Gipuzkoa y Álava). No esperes encontrar indicaciones específicas para cicloturistas en cada cruce; la responsabilidad de seguir la ruta recae en ti.

Mecánicamente, tu bicicleta debe estar impecable. Hablamos de puertos largos, con rampas sostenidas que superan el 10% en algunos tramos, y descensos técnicos con curvas cerradas y asfalto a veces irregular. Revisa pastillas de freno, cassette, cadena y especialmente la presión de cubiertas. Lleva siempre contigo un kit básico: dos cámaras de repuesto, palancas, parches, multiherramienta con llaves Allen y Torx, y un inflador compacto. El clima en Euskadi es traicionero: puedes salir con sol radiante desde Bilbao y encontrarte con un chaparrón atlántico en la vertiente de Gipuzkoa una hora después. Una chaqueta impermeable transpirable de buena calidad (tipo membrana) y unos cubrebrazos o perneras ligeros no deberían faltar en tu bolsillo trasero. La temperatura en los puertos puede bajar varios grados respecto al valle, así que la ropa de agua no es opcional, es obligatoria.

Cómo llegar y dónde empezar el bucle

Bilbao es el punto de partida natural y el más lógico. La ciudad cuenta con conexiones excelentes: el aeropuerto de Loiu (a 12 km del centro) recibe vuelos de varias compañías europeas, la estación de Abando Indalecio Prieto ofrece trenes de alta velocidad (AVE) y de media distancia desde Madrid, Barcelona y el resto del norte peninsular, y la red de autobuses (Termibus) conecta con las principales ciudades del Estado. Si llegas en coche, hay aparcamientos vigilados en las afueras, aunque te recomiendo usar el tren de cercanías (Renfe Cercanías) para moverte dentro del área metropolitana.

Para evitar el tráfico urbano matinal, elige un alojamiento inicial cerca del centro o, mejor aún, en el barrio de Deusto o San Ignacio, que te permite salir directamente hacia la carretera BI-631 (dirección Valmaseda) sin cruzarte con la circulación del centro. Esta vía, de buen firme y con arcén amplio en sus primeros kilómetros, es la puerta de entrada a los puertos interiores de Bizkaia. Si prefieres la variante corta de la ruta (que reduce el kilometraje total en unos 40 km), considera empezar en Gernika o Bermeo: ambos pueblos tienen conexión de tren (Euskotren) desde Bilbao y te sitúan directamente en la costa, evitando la subida inicial hacia el interior. Desde Bermeo, por ejemplo, puedes enlazar con la carretera que sube al puerto de Sollube y comenzar a rodar con el mar a tu espalda, en lugar de enfrentarte al tráfico industrial de la ría del Nervión. En cualquier caso, sal temprano (antes de las 8:00 en verano) para disfrutar de carreteras vacías y de la luz dorada del Cantábrico.

Planificación de la ruta de 3 a 4 días por Bizkaia y Gipuzkoa

Etapa tipo para el bucle largo de 350–450 km

El bucle largo exige una planificación milimétrica para quienes buscan una inmersión total en la geografía vasca. En 2026, el reparto más lógico y rodado es este: el Día 1 sale de Bilbao hacia el interior, encadenando Balmaseda y el puerto de Urkiola. Son 90–110 km con unos 1.800 m de desnivel acumulado, ideales para calentar piernas entre hayedos y carreteras de firme impecable. El Día 2 desciende desde Urkiola hacia la costa, pasando por Gernika y el valle de Lea-Artibai, donde los continuos toboganes premian la vista del Cantábrico. El Día 3 es el más icónico: desde la costa de Lea-Artibai se rueda hacia San Sebastián, con Jaizkibel como plato fuerte —7 km al 6% de media, pero con rampas del 12%—. El Día 4 cierra el círculo con el retorno a Bilbao por la N-634 o, si las piernas piden más, por la variante alavesa que sube hacia Altube. En cada etapa conviene avituallarse en pueblos como Markina-Xemein, Ondarroa o Zarautz; los tramos de montaña, sobre todo Urkiola y el entorno de Jaizkibel, carecen de fuentes o bares durante 20–30 km, así que lleva al menos dos bidones y algo de comida sólida. Los servicios mecánicos escasean en las zonas altas; mejor salir con la bicicleta revisada.

Variante corta de 120–150 km por Urdaibai y Gernika

¿Poco tiempo? Este bucle da para un día exigente sin logística compleja. Sal de Gernika y sube hacia el interior por carreteras locales como la BI-3221, que serpentea entre caseríos y bosques de roble. Rodea la reserva de la biosfera de Urdaibai pasando por Bermeo y Mundaka, donde el asfalto se pega a los acantilados y el viento del norte puede ser traicionero. Incluye el ascenso a la zona de Gaztelugatxe —sin entrar al islote, que requiere reserva previa y calzado de montaña—, con una rampa corta pero explosiva del 10%. Vuelve por la BI-2235, estrecha y poco transitada, bordeando el monte Sollube, y termina con una subida corta pero sostenida a Gernika: 3 km al 5% para vaciar el depósito. El desnivel total ronda los 2.200 m, así que elige un desarrollo compacto (34×32 o similar) y sal temprano: el tráfico dominical en la costa vizcaína se espesa a partir de las 11:00.

Los puertos y ascensiones imprescindibles de la ruta

Alto de Urkiola y Puerto de Balmaseda: el interior de Bizkaia

La circular por Euskadi pasa por el corazón de Bizkaia, donde el asfalto se empina entre hayedos y crestas calizas. El Alto de Urkiola (BI-623) es el puerto de referencia de toda la ruta, no por su dureza extrema, sino por su exigencia sostenida y su paisaje sobrecogedor. Son 8,5 kilómetros a una media del 5,5%, con rampas que nunca bajan del 4% ni superan el 7%, lo que obliga a mantener un ritmo constante y a dosificar fuerzas desde el primer metro. La carretera serpentea entre el macizo del Anboto y el Duranguesado, y en los días despejados la vista se pierde en los cortados del Parque Natural de Urkiola. Es un puerto para rodar con cabeza: si llegas aquí con las piernas ya cargadas, mejor aflojar y disfrutar del entorno, porque la cima aún guarda una sorpresa en forma de santuario y de descenso técnico hacia el sur. Mucho más explosivo es el Puerto de Balmaseda (BI-551), una ascensión más corta pero traicionera, con rampas de doble dígito en su tramo final que aparecen justo cuando el cuerpo pide tregua. Aquí no valen los desarrollos largos; conviene llevar un plato pequeño y afrontar los últimos dos kilómetros con la cadencia alta. Ambos puertos exigen un ritmo conservador, especialmente si se ruedan el mismo día, ya que encadenarlos sin descanso convierte la jornada en un ejercicio de gestión del esfuerzo más que de potencia bruta.

Alto de Garrate y Jaizkibel: la vertiente guipuzcoana

Al cruzar a Gipuzkoa, el perfil cambia y aparecen subidas más largas y tendidas, perfectas para rodar en grupo y mantener conversación. El Alto de Garrate (GI-2630) es el ejemplo ideal: una ascensión de unos 9 kilómetros con pendientes medias del 4-5% que conecta el interior con la costa, atravesando pequeños núcleos rurales y zonas de prados verdes. Su trazado no tiene rampas imposibles, pero su longitud constante desgasta, y el viento del norte puede convertirse en un enemigo silencioso en los tramos expuestos. Es el puerto perfecto para calentar piernas o para hacer relevos con compañeros, ya que su pendiente regular permite mantener un ritmo vivo sin explosiones. Muy distinto es Jaizkibel (GI-3440), el coloso que vigila San Sebastián desde el este. Aunque es más corto, con apenas 8 kilómetros, su irregularidad es legendaria: rampas del 10 al 12% en varios pasos, zonas de falsos llanos que engañan y un firme que en algunos tramos exige atención. Tras horas de rodaje, este puerto castiga sin piedad, y la clave está en no dejarse llevar por la adrenalina inicial. El descenso hacia Hondarribia es una recompensa rápida y peligrosa, con curvas cerradas y asfalto a veces húmedo; aquí la prudencia manda más que la valentía. Juntos, Garrate y Jaizkibel representan la doble cara de Gipuzkoa: la subida amable que te lleva al mar y el muro que te recuerda que en Euskadi ninguna carretera regala nada.

Rodar en Euskadi en 2026 exige más que piernas: requiere un plan de navegación inteligente. Tu ruta circular coincide en varios tramos con las EuroVelo 1 (Costa Atlántica) y EuroVelo 3 (Peregrinos), pero conviene aclarar un malentendido común: no son vías ciclistas exclusivas, sino carreteras compartidas con tráfico moderado. En el tramo costero entre Deba y Zumaia, las señales de EuroVelo te guiarán por la GI-638 y la GI-2630 con vistas espectaculares, aunque tendrás que mantener la atención en cruces de granja y curvas cerradas donde los vehículos agrícolas aparecen sin aviso. Prioriza esas balizas azules y verdes, pero nunca las interpretes como un carril bici protegido: son un hilo conductor, no un escudo.

Para evitar los corredores más concurridos, la regla de oro es alejarse de la A-8 siempre que sea posible. Esa autovía paralela a la costa no solo está prohibida para ciclistas, sino que concentra el tráfico de larga distancia. En su lugar, usa la N-634 como eje de retorno, pero elige horas de baja circulación: salir a las 7:00 entre semana te dará carreteras casi vacías; a las 18:00 en julio, furgonetas de surfistas y autobuses turísticos. La N-634 es viable, pero exige timing. En verano, los fines de semana, la BI-631 (hacia San Juan de Gaztelugatxe) y la GI-2630 (hacia Zumaia) se llenan de autocaravanas que reducen la velocidad a 30 km/h y crean retenciones peligrosas en las subidas. La solución es optar por carreteras locales paralelas, aunque sumen desnivel: la BI-3232, que sube desde Bakio hacia el interior por el puerto de Sollube, ofrece asfalto impecable y apenas tres coches por hora; la GI-2631, que conecta Itziar con Deba por el alto de Itzurun, añade 200 metros de ascenso pero regala un silencio que la GI-2630 jamás ofrecerá en agosto.

Planifica los avituallamientos en pueblos pequeños como Mendaro o Aulesti, donde los bares abren a las 8:00 y los ciclistas son habituales, en lugar de parar en los núcleos turísticos de la costa. Si usas un GPS, carga los track de estas carreteras secundarias antes de salir: la cobertura móvil en los valles interiores es irregular en 2026, y depender de mapas online en tiempo real puede dejarte sin ruta en el peor momento. Recuerda, además, que entre junio y septiembre el tráfico de autocaravanas se multiplica por cuatro en toda la cornisa cantábrica. Aunque la ruta principal sea tentadora, el desvío por carreteras locales no solo es más seguro, sino también más rápido en tiempo real.

Clima y temporada ideal para rodar en 2026

Mejores meses: mayo, junio, septiembre y octubre

La ventana perfecta para rodar esta ruta circular por Euskadi abarca de mayo a junio y de septiembre a octubre. Las temperaturas se mueven entonces en una franja muy ciclista, de 15 a 22 °C, que permite mantener un ritmo sostenido sin pasar frío en la montaña ni sufrir el bochorno costero. Llueve bastante menos que en otras épocas, y las carreteras secundarias —sobre todo las de la vertiente cantábrica— aparecen mucho más despejadas de tráfico turístico. En mayo y junio los días son largos, con luz hasta bien entrada la tarde, lo que facilita planificar etapas de 100 a 120 km sin prisas y con paradas para repostar en los bares de los puertos. Septiembre y octubre, por su parte, ofrecen un regalo visual: el hayedo de Urkiola y los bosques de la sierra de Garrate se tiñen de ocres y rojos, y las autocaravanas y vehículos recreativos caen en picado tras el verano. Eso sí, en otoño presta especial atención en los descensos: la caída de hojas mojadas sobre asfalto frío convierte cualquier curva cerrada en una trampa resbaladiza. Reduce la velocidad y evita frenar sobre las marcas blancas.

Cómo afrontar julio, agosto e invierno

Julio y agosto son los meses más complicados. Las temperaturas superan con facilidad los 30 °C en el interior y en los puertos, y el tráfico hacia las playas de la costa vasca (Zarautz, Getxo, Lekeitio) convierte algunas carreteras en un infierno de autocaravanas y turismos. Si aun así decides rodar en pleno verano, sal antes de las 7:00 de la mañana, cuando el asfalto aún está fresco y el tráfico es mínimo; lleva al menos dos bidones grandes, porque los avituallamientos en despoblado escasean y las fuentes públicas no siempre están operativas. En el lado opuesto, de diciembre a febrero la lluvia es casi una constante, y por encima de los 600 metros de altitud (piensa en Urkiola o en el puerto de Garrate) puede nevar de forma ocasional. Si no quieres arriesgarte, evita esas cotas o plantéate rodar solo por los valles y la línea de costa. En caso de que te pille un día frío pero seco, usa ropa térmica de invierno, cubre orejas y manos, y monta neumáticos con mayor agarre (28 mm o más, con compuesto blando), porque las heladas nocturnas dejan placas de hielo invisibles en las zonas de umbría. En estas fechas la ruta circular sigue siendo hermosa, pero exige un respeto extremo por los elementos: mejor un día de rodaje corto y seguro que forzar una etapa épica que acabe en hipotermia.

Patrimonio natural y cultural en la ruta

La Reserva de la Biosfera de Urdaibai

Pedalear por el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai trasciende lo deportivo. Este espacio protegido por la UNESCO abarca más de 22.000 hectáreas de marismas, bosques de robles y hayas, y acantilados que se precipitan sobre el Cantábrico. La BI-2235 y sus alrededores atraviesan la reserva sin desvíos forzosos, pero exigen una conducción especialmente respetuosa. Respeta los límites de velocidad, que en muchos tramos no superan los 40 km/h, y evita detenerte en las zonas restringidas de acceso a la marisma, donde la fauna anida todo el año. Sin salir del asfalto, dos paradas fotográficas resultan imprescindibles: el mirador de Ogoño, con vistas a la costa recortada y la isla de Izaro, y la ría de Mundaka, que al atardecer tiñe de oro sus aguas mientras las traineras descansan en el puerto. Lleva la cámara a mano; las vistas cambian cada pocos metros.

San Juan de Gaztelugatxe y otros hitos cercanos

El famoso islote de San Juan de Gaztelugatxe, conocido mundialmente por Game of Thrones como Rocadragón, no forma parte del asfalto, pero su silueta domina el paisaje durante kilómetros. La mejor perspectiva sobre la bici se obtiene desde la BI-3101, entre Bermeo y Bakio: curvas exigentes, un carril que se estrecha en algunos puntos y una vista frontal inolvidable del puente de piedra y la ermita. No intentes acceder al islote con la bicicleta; habrás de dejarla en la zona habilitada de Bakio y subir a pie si decides visitarlo. Para la ruta circular, contemplarlo desde la carretera es suficiente. Cerca del inicio o final del recorrido, según organices tu salida, se encuentra el puente colgante de Bizkaia, Patrimonio de la Humanidad, que puedes cruzar con tu bici por la pasarela peatonal por unos 2 a 4 euros por persona. Más hacia el interior, si alargas la ruta, el santuario de Urkiola ofrece un alto en la montaña con vistas espectaculares; y el casco viejo de Gernika, con su roble y el Museo de la Paz, supone un desvío cultural breve pero muy recomendable. Naturaleza protegida, patrimonio industrial y memoria histórica se combinan en esta circular vasca, donde cada pedalada acerca a la esencia de un territorio que cuida su legado tanto como sus carreteras.

Opciones de escape y regreso en transporte público

Completar la ruta circular exige preparación, pero saber recortar sin drama también forma parte de la inteligencia del ciclista. La red de transporte público de Euskadi, bien utilizada, convierte un día arruinado por el tiempo o un golpe de calor en una vuelta a casa digna. No es un plan B improvisado: es una estrategia que conviene llevar siempre en el bolsillo trasero del maillot.

Euskotren y Renfe Cercanías para emergencias o recortes

La línea de Euskotren entre Bilbao y San Sebastián es tu mejor aliada en la costa. Pero ojo: no todos los trenes admiten bicicletas. Solo servicios concretos, en vagones señalizados y fuera de las horas de máxima afluencia, permiten subir la bici. En 2026 la normativa sigue siendo estricta; consulta los horarios oficiales actualizados antes de depender de ello. No des por hecho que podrás subir al primer convoy que pase. Los fines de semana suele haber más flexibilidad, pero entre semana, de 7:00 a 9:30 y de 17:00 a 19:30, olvídalo. Si vienes del interior, Renfe Cercanías de Bilbao, en concreto la línea C-1 hacia Santurtzi, también admite bicis en horas valle, pero jamás en hora punta. Un recorte desde Gernika a Bilbao por esta vía es viable, aunque tendrás que esperar al tren adecuado, no al primero.

Puntos de corte estratégicos en la ruta

Saber dónde cortar vale tanto como saber rodar. En la vertiente cantábrica, Gernika es el punto perfecto: su estación de cercanías te deja en Bilbao en unos 40 minutos, con espacio para la bici si evitas las horas prohibidas. Más al este, Zarautz es otra puerta de escape; su apeadero de Euskotren te lleva de vuelta a San Sebastián o hacia Bilbao, pero tendrás que esperar al servicio con capacidad para bicis. San Sebastián, como fin de etapa, ofrece múltiples frecuencias, aunque con restricciones horarias. En la variante interior la cosa cambia: Vitoria-Gasteiz no tiene tren de cercanías directo a Bilbao con la misma facilidad, pero sí una conexión de autobús (Alsa) que admite bicis, con espacio muy limitado: a menudo solo dos o tres plazas por vehículo. Si dependes de ella, compra el billete con antelación y llega con tiempo; el coste ronda entre 8 y 15 euros por trayecto, según el día y la antelación. Planifica siempre una alternativa terrestre, porque la carretera no perdona, y el transporte público bien entendido es parte de la ruta, no una derrota.

Consejos prácticos de seguridad y autonomía

Gestión del esfuerzo y avituallamiento en zonas remotas

Esta circular alterna puertos exigentes con valles profundos donde la presencia humana se diluye. Carga al menos dos bidones de 750 ml y un puñado de barritas o geles antes de salir: hay tramos entre puertos que superan los 30 kilómetros sin ningún establecimiento. Balmaseda, Gernika, Deba y Tolosa son los pueblos estratégicos para repostar; allí encontrarás fuentes, bares y supermercados abiertos hasta media tarde. No subestimes el viento del norte en la costa. Entre Deba y Mutriku, o al coronar Jaizkibel, las rachas pueden superar los 50 km/h y desestabilizar el manillar, sobre todo en descensos. Come cada 90 minutos aunque no tengas hambre, y prioriza comidas sólidas antes de puertos largos como Urkiola o Azkarreta. En días calurosos, añade electrolitos al segundo bidón: la humedad vasca provoca sudoración abundante sin que la percibas.

La cobertura móvil es irregular en valles como Atxondo o la vertiente norte del Gorbea; en muchos puntos solo hay 3G, o nada. Descarga mapas offline tipo OpenStreetMap —con OsmAnd o Komoot— en tu GPS o móvil antes de empezar. Lleva el teléfono cargado al 100% y una batería externa de al menos 10.000 mAh, porque el GPS continuo consume rápido. Si ruedas solo, informa a alguien de confianza de tu etapa diaria, los puertos previstos y la hora estimada de llegada a cada punto de control. Ante una avería grave, camina hasta el pueblo más cercano antes de pedir ayuda: en muchas carreteras comarcales no pasa un coche en 20 minutos. Memoriza el 112 y ten a mano el contacto de tu seguro de asistencia.

Mantenimiento básico sobre la marcha

El asfalto vasco suele estar en buen estado, pero los descensos de Jaizkibel hacia Hondarribia y la vertiente sur de Urkiola presentan grava suelta, parches de alquitrán y algún bache tras lluvias. Lleva siempre cámara de repuesto, dos palancas, un multitool con llaves Allen de 4, 5 y 6 mm, y un inflador compacto. Antes de cada bajada larga, revisa visualmente la presión de los neumáticos (80-90 psi en 25 mm) y que los frenos respondan sin chirridos. Con viento racheado, baja el centro de gravedad flexionando codos y rodillas, y sujeta el manillar con firmeza en las zonas expuestas al mar. Si pinchas, busca un arcén amplio y no repares en curva: la visibilidad es prioritaria.